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» Javier Chinchón


30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar.

Si la vida es un tiempo de frustración, en el que por más cosas que hagas, lugares que visites, gente que conozcas, siempre quedará más en el deber que el haber. Si, además, de otro modo sería imposible vivir en el planeta tierra.

Si el problema del paraíso es que deberá ser habitado por seres humanos. Si, además, la leyenda, o el vecino, comparan esta ciudad con el parnaso y el que escribe, o mi persona, escogen a los imperfectos terrícolas que la habitan.

Si estos meses hubieran sido radicalmente diferentes sin Alia, José, Erica, Pierre, Meg, Lisa, Mónica, Helena, Ivet, Ulyses, Mariana, Leo, Ariel, Kelly, Kate, Antonio, Nehat, o Karen.

Y si, a la postre, usted quisiera saber las cosas que nunca se cuentan sobre Nueva York, tan sólo continúe leyendo esta crónica.


Nueva York es un balneario de aguas termales.

El clima es algo sobre lo que, incluso esta ciudad, sólo tiene voz, nunca voto; de tal suerte que resultará ocioso despotricar sobre el tremendo calor y humedad que bailan en estos lares. El diseño de esta urbe, sin embargo, sí amerita algún comentario.

Las bondades de los balnearios ya han sido ampliamente consignadas en otros escritos, con lo que bastará advertir que los cambios de agua fría-caliente-templada-fría-caliente resultan gratificantes no cuando quieres darte una ducha, sino cuando precisamente buscas tales experiencias. No obstante, uno es extranjero en esta tierra y es posible que el gusto de los neoyorquinos por tales alteraciones de temperatura sea perpetuo, con lo que a continuación expondré tan sólo será de interés para los que vengan de cualquier otra nación del globo.

Relatemos:

Sales a la calle y padeces un calor y humedad insostenibles; alcanzas el metro y, esperando, el calor y la humedad se tornan indescriptibles; llega el tren y cambiamos de piscina a una de aguas inconmensurablemente frías; bajas en tu parada y el calor y la humedad retornan intolerables; asciendes a la calle y calor y humedad te saludan impertérritos; accedes a tu destino –en este caso la universidad- e inicias un tránsito de bañeras de aguas templadas a piscina gélida en la biblioteca; terminas tu jornadas, te remojas en los tibios estanques del lobby y sales a un calor y humedad impenitentes; caminas al metro, te cueces en el andén, te hielas en el tren, te asas a la salida, te doras camino a casa y, si eres afortunado, duermes en una fresca pileta o, si eres más humilde, me tumbo a tratar de descansar medio desnudo chorreando calor y humedad por cada poro.

Nueva York es un balneario de aguas termales puerco.

En realidad, yo que defiende el valor expresivo de las palabras gruesas debería escribir que Nueva York es una ciudad sucia de cojones, pero conocedor de que mi madre lee estas crónicas trataré de contener mi lenguaje. No es contenible, ni concebible, sin embargo, ver centelleantes ratas cruzando la sexta avenida -quizás de camino a mi barrio en el que, por la noche, es posible verlas por docenas-, tener que sortear inmensas montañas de bolsas de basura negras a cada esquina y en cada zona, tropezar con todo tipo de despojos urbanos a cada paso, estar obligado a taparse la nariz al caminar por un sin fin de calles, o ver a repugnantes palomas acicalarse en lóbregas aguas frente a Wall Street.

Un martes realicé un experimento: Coloqué una lata vacía de (importado) atún en las cercanías de la esquina de mi casa. Esperé para ver cuánto tardaría en ser retirada. El viernes, hastiado, recogí la lata y la tiré en un desbordado cubo de basura.

Nueva York es un balneario de aguas termales puerco descocado.

Aproximadamente a las dos de la mañana, cada noche, mis vecinos del cuarto piso saludan a Eros haciendo el amor a ventana descubierta; dos pisos más arriba, la pareja que vive a mi altura pero un poco a la derecha acostumbra a pasear por la casa en ropa interior en los ratos en que no están frente a una enorme computadora; un piso más abajo, una madre suele echar tremendas puteadas a un jovencito que aparece siempre bien entrada la noche; en el piso inferior, toda una familia de afroamericanos consumen día y noche sentados en el sofá, meditando o conversando, quién sabría; la chica que vive bajo ellos parece ser amiga de un grupo de jóvenes que pasan largas jornadas en la calle jugando con una pelota en medio de la calle, se asoma por la ventana, habla con ellos, se sienta, vuelve a salir, habla por teléfono, se asoma, sonríe; dos pisos a la derecha, tres niñas hispanas deshojan la margarita sentadas en la escalera de incendios, mientras su vecino de la derecha cierra la ventana al iniciarse el ocaso para bajar al portal donde, sentado, pasa horas y horas; un piso a la izquierda, una joven pareja se afana en pintar y decorar el que, quizás, sea su primer hogar en comunión, a veces se les oye discutir desde aquí sobre algunos muebles; dos pisos más arriba, tres chicas consumen todo su tiempo repanchigadas en un sofá viendo la tele. Algunas noches me ven aquí sentado, leyendo o escribiendo en mi ordenador, y me saludan alegremente. Yo las respondo agitando la mano y pienso: ¿Desconocerá toda esta gente que, una vez, alguien, inventó las cortinas y las persianas?

Nueva York es un balneario de aguas termales puerco descocado que duerme.

Resultó un cóctel entre lo sintomático y lo lamentable tener que preguntar -tras consultar a más de una decena de viandantes y, sin duda, al menos una docena de taxis- a un travesti de unos sesenta años por un maldito lugar abierto a las cuatro de la mañana. Eso sí, su respuesta fue de antología:

- ¿Qué quieres? Estás en Nueva York, una ciudad en decadencia y muerta a estas horas. De todos modos, puedes venir a Bum-Bum.
- ¿Bum-Bum? –respondí en mi atribulado inglés- ¿Qué es, un after hour, una discoteca?
- No, –rió mientras paraba un taxi- voy a mi casa, si quieres puedes venir conmigo a hacer bum-bum juntos.
- Ouh, en realidad -repliqué sonriendo y retirando su mano de mi hombro- no es exactamente eso lo que andaba buscando. Pero gracias.
- De nada, amor.

No obstante, en justicia, con la llegada días después de los refuerzos del general Gustavo ha de notificarse que, finalmente, fue un viernes noche cuando salimos a las once y regresamos a las doce, de la mañana. Cerramos un pub y tres after hours, dejando sólo sal y cenizas a nuestras espaldas.

Nueva York es un balneario de aguas termales puerco descocado que duerme fuera de toda comprensión.

A) Dios santo, cómo come cominos.

Recuerdo que una de las historias que una vez relaté sobre mi primer viaje a Guatemala llevaba por título “aquí todo el mundo tiene novio”; desconozco la amplitud de la monogamia en este lugar que ahora me acoge, pero sí tengo la certeza de que “aquí todo el mundo tiene hambre”. No es ahora la cuestión si comen mucha o poca cantidad, sino que, a cualquier hora, en cualquier lugar, siempre hay gente comiendo, siempre. La noche, por supuesto, no podría ser una excepción.

En mi ciudad tenemos una suerte de liturgia previa a salir de parranda. Nos sentamos, invocamos a los enanitos de la argamasa y ellos utilizan lo que estemos cenando como primera barrera de contención para mitigar los excesos del generoso vino español que vendrá. Puede que, de madrugada, sea necesario ayudar a nuestros amigos con algún bocado despistado de refuerzo, pero, en líneas generales, el engullir finaliza una vez las tropas se ponen en marcha y se desenfunda el primer trago. En Nueva York, como diría Mónica, cómplice de uno de esos bocados vespertinos hace ya tres años: “nada que ver”.

La primera noche que salí por el Village, solo y a mi suerte, resultó para mí lo más incomprensible de todo ver multitud de tiendas de ropa, alhajas, tatuajes y piercings abiertas quizás a las dos o tres de la mañana. Resultó, no obstante, más inexplicable aún encontrar que la gente entraba alegremente en las mismas, se probaba ropa, miraba catálogos, compraba una falda, escogía unos pendientes o se tatuaba dios vaya a saber qué. Tras esto, descubrir que cientos de tiendas que vendían flores y plantas de toda naturaleza no cerraban, literalmente, nunca, fue sólo una bagatela.

No fue, en todo caso, hasta tiempo después, ya con mis compadres de España sobre el terreno, cuando caímos en la cuenta: Al caer el sol, la gente se dedicaba a comer, ininterrumpidamente, en un horquilla que abarca desde las siete u ocho de la tarde a las cinco o seis de la mañana. Luego, empalmaban con monumentales desayunos.

- ¿Qué coño harán, - consultaba Gustavo – vomitarán a cada rato para poder seguir comiendo?
- Te lo imaginas – reía Oscar.
- Mira esos –apuntó George – acaban de salir del bar aquel, se han ensillado dos trozos de pizza del carajo y regresan al bar.
- Me apuesto un brazo –agregué- a que en un rato salen de nuevo y se enchufan un kebab, una hamburguesa o un minotauro.

B) “Puta madre, no nos habíamos dado cuenta, ¡es la hora bruja!”

En Madrid calificamos de “hora bruja” el temible momento de la noche en que el metro aún no ha abierto, los últimos “búhos” se recogen ya hacia sus guaridas diurnas y los primeros autobuses matinales aún no se han desperezado. Transcurre, aproximadamente, entre las cinco y las seis de la mañana. En ese momento, sólo Agur podría moverse por la ciudad.

Este inconveniente ha sido borrado de la faz de la tierra en Nueva York. El metro, sucio, viejo y ardiente, recorre la urbe las veinticuatro horas del día. La hora bruja, no obstante, queda reservada para un momento aún más terrorífico.

- Javi, ve tú tronco. Le he pedido una cerveza y no sé qué coño dice – espetó ansioso Gustavo.

Poco después regresaba Javi, con una mezcla de sonrisa y desconcierto en su rostro.

- Te cagas, me ha dicho que sólo tienen agua, Red Bull, y zumos. Parece que en esta ciudad está prohibida la venta de alcohol de cuatro a ocho de la mañana, y que la gente sólo se pone de pastis y buenrris (*) hasta las cejas a estas horas. Lo más de coña es que me dice que, una vez den las ocho y uno, podemos pedir lo que nos dé la gana en esta misma barra, ahora no.

No hubo respuesta en Gustavo, sólo unos ojos abiertos como platos inmensos. Durante generaciones se diría que en ese instante comenzó a contar los segundos que restaban hasta las ocho y uno de la mañana.


(*) Nota del traductor: “Pastis y buenrris” es usado en este caso para referirse a las drogas sintéticas, también denominadas drogas de diseño. En los lugares reseñados la gran mayoría del aforo parecía estar bajo los efectos de tales sustancias, bailando junto a un significativo número de personas que al grito de “pills-pills” debían hacer su agosto gracias a la legislación vigente. Los fieles a las virtudes del alcohol nos contábamos, sin duda, entre la menor de las minorías.


Nueva York es un balneario de aguas termales puerco descocado que duerme fuera de toda comprensión pagado de sí mismo.

Si el país en el que me encuentro gusta de llamarse a sí mismo por el nombre del continente en el que se halla, la ciudad en la que habito se complace autodenominándose “the city”, lo que nos deja con la duda de cómo nombrar al resto de asentamientos urbanos del orbe.

Nueva York, le dirán, es la capital del mundo, el lugar más multicultural y cosmopolita del planeta, el sitio más loco e interesante en el que vivir, la ciudad más bella y apasionante que recorrer, el punto en la tierra con la más despampanante arquitectura del globo, la meca del conocimiento y el estudio, el centro de la producción intelectual y artística del universo, etc.

Así:
I) Cenaba con un grupo de oriundos del lugar y uno de ellos chapurreaba en castellano algunas notas de su reciente visita a la capital de mi país. La verdad, más que una crónica parecía una lista de agravios que concluyó echando más ketchup en su plato con la sentencia: “Además, en Madrid es que no hay ni rascacielos.”

- En realidad, -se apresuró a responder el pequeño nacionalista madrileño que habita en mí- nosotros no trabajamos los rascacielos, más bien nos dedicamos a rascarnos los huevos, sobre todo después de comer. Lo llamamos calidad de vida, mediterranean way of life, si lo prefieres.

Mi interlocutor terminó de engullir su segunda hamburguesa antes de que mis palabras se extinguieran y mientras deslizaba un sí-sí ya se levantaba para marchar apresuradamente hacia otro lugar al que, sin duda, no iba a acompañarle.

II) Cierto es que, para cualquier investigador, Nueva York es una mina de diamantes. Los fondos de sus bibliotecas, centros de estudios, institutos e instituciones son formidables. La inmensa mayoría de profesores, académicos, activistas e intelectuales que aquí residen son de primerísima fila. El tiempo trabajado aquí, por tanto, habrá de medirse como si habitases en el Bosque Dorado de Lothlórien.

Resulta entonces curioso, cuanto menos, que muchos de sus estudiantes universitarios exhiban una incultura sobrecogedora. Sobran las anécdotas de aquéllos que se cruzaron en el camino con jóvenes que desconocían que América del Sur estaba unida a América del Norte o, cómo no, que colocaban a España próxima a las fronteras de un México quizás mítico.

No obstante, debo reconocer que mi experiencia con universitarios de este lado del mundo, salvando alguna excepción que omitiré, a la par de reducida ha sido bastante gratificante. Me atrevería a decir que la mayoría estaban, al menos en conocimientos, por encima de muchos de mis compatriotas que se hallan en las mismas lides. Sin embargo, deslizaré ahora un dato quizás elocuente:

Si los asiduos a este lugar rememoran mi crónica inicial sobre los Estados Unidos de Norte América, no podrán recordar un dato que no mencioné. Acompañando a las preguntas tendentes a conocer la existencia de tu pasado genocida o terroristas, tus tendencias nazis, tus intenciones de atentar contra esta nación o tu atesoramiento de caracoles, figuraba una advertencia que rezaba algo como: “Si responde que sí a alguna de estas preguntas, posiblemente se le denegará la entrada a los Estados Unidos.”
Creo que si examinara a mis alumnos con tal advertencia, se me agotarían las matriculas de honor en los primeros quince minutos.

Nueva York es un balneario de aguas termales puerco descocado que duerme fuera de toda comprensión pagado de sí mismo y pleno de contrastes.

Gustavo comentaba que quizás sólo en el Miami que acababa de dejar atrás había encontrado más vagabundos que en Nueva York. Un instante después fotografiaba una limusina de seis ventanas que se detenía a la entrada del Trump International Hotel and Tower.

Oscar parecía siempre ocupado con aquellos ojos virtuales persiguiendo centenares de mujeres espectaculares que brotaban aquí y allá, como setas en otoño. Un instante después tenía que volver a apartarse para dejar paso a dulces señoritas de la estirpe del Maestro Quattroppani: No obesas, sino muy humanas, como dos o tres humanos juntos.


Josu explicaba que conducir aquel coche era como hacerlo con una auto de choque: acelarar o frenar, no más; a mayor abundamiento, descubrió una función que denominamos “velocidad de crucero”: fijaba, por ejemplo, el coche a 100 kph y él solito se aceleraba o frenaba para mantener esa velocidad constante durante el trayecto. Un instante antes se rendía ante el complejo sistema previsto para poder lavar, secar y planchar su ropa en Nueva York.

George se jactaba de ser uno de los pocos que al que no le requisaron nada, no tuvo que sacar y meter todas las pertenencias de mochilas y bolsos, quitarse cinturones, zapatillas, reloj o cadenas al acceder a cualquiera de los muchos lugares turísticos que visitamos. Un instante antes facturaba su equipaje en España cuando le hicieron deshacer completamente su maleta, revisando hasta si tenía la parte de atrás de las orejas bien limpias.

Curro sudaba bajo un sol aplastante mientras jugaba al baloncesto con cuatro tipos de cuerpo esculpido; a su alrededor Central Park bullía de miles de personas haciendo cualquier tipo de ejercicio. Un instante después almorzaba rodeado de decenas de hombres que ordenaban plato tras plato, postre tras postre.

Antonio parecía maravillado ante la diversidad de gentes que en cada lugar de la ciudad podían verse; se diría que esta variedad, sobre cualquier otra virtud, fue lo que más le agradó en su estancia. Un instante después salía hacia España sin tiempo de poder cruzarse ya con aquel hombre vestido de pies a cabeza como un plátano, o su quizás pariente, de igual guisa pero como una enorme tostada ambulante.

Javi temía por su economía antes de llegar a la ciudad, sin embargo, las leyendas sobre el coste de la vida en Nueva York se le desvanecieron al gastar menos de cuatro euros en su primer almuerzo. Un instante después gemía desconsolado recontando sus dólares una y otra vez tras una noche de restaurante y copas hasta la madrugada: Las bajas se contaban en cifras de dos ceros.

Todos ellos, no comprendían, se ofuscaban, se resistían, se irritaban ante la idea de una propina de carácter vinculante; era una contradicción en los términos y, siempre, al tener que pagarla trataban de arañar todo centavo posible refunfuñando molestos al dejar el dinero. Un instante después, primero Ulyses, luego Ivet, y finalmente Nehat explicarían: Los camareros en este lado del mundo, tan jóvenes y tan parecidos a todos ellos, sólo reciben como salario aquello que los clientes dejan como propina.

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Aun siendo Nueva York un balneario de aguas termales puerco descocado que duerme fuera de toda comprensión pagado de sí mismo y pleno de contrastes, de entre los muchos lugares descritos en estas crónicas, creo que esta ciudad podría ser un excelente lugar de exilio para cuando el mercado laboral de mi país me dé la prevista patada en el trasero. Sea.
6. septiembre 2005 @ 15:05 · Comentarios (13) · Miscelánea guatemalteca
Comentarios
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Bárbara

Desde luego no se le pueden negar originalidad, agilidad y guasa a tus escritos. Hay veces que me cuesta entender algunos puntos, igual es que algunas partes estan más elaboradas que otras. Lo que más me gusta es como escoges las palabras para que encajen en la narración y no me extraña que tus amigos y demás disfruten tanto leyendo tus aventuras! Bueno Dartagnan, que eres un portento de ganas e inquietudes! Si ya lo decía yo, que con ese curriculum que me tropecé un día en internet sólo podía haber un personaje la mar de interesante detrás, ja ja. En serio, me gustaron mucho tus crónicas, gracias por compartirlas

6. septiembre 2005 @ 15:57
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Werner

El Atún en ataque. Javier del Atún, compláceme en saber que has terminado tus faenas en buena lid en esas tierras. Una vez estuve por allí y fue en tiempo de invierno, y está por demás decir que se me congeló hasta el.. pelo. Bueno, salvada te diste con el trasvesti...o si no Atún en Bum Bum..jajaja. Saludos amigos y gracias por dejarnos saber tus historias. El Nehat de la historia es el chico de Marlene? A saber y que "shute" no?

6. septiembre 2005 @ 16:47
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Javi

Sin acentos ni la letra de la ultima silaba de aquello que llaman mi pais, Dartagnan (quizas me gustaba mas aquello de vampiro smiley ), agradece tus palabras Barbara y se alegra de que la Red de Redes te llevara un dia a mi curriculum y de alli a mi persona (eso si, nunca supe como o porque diste con el -con mi curriculum, quiero decir-. Al tiempo, me disculpo por las partes oscuras de mis escritos. A veces, ni yo mismo me entiendo o quiero entenderme, pero si me compartes tus dudas quizas pueda aclararte que quise o intente decir.

Muchos besos y muchos menos temas (que es lo que se dice a los opositores, no?) smiley

Aprovecho y respondo al amigo Atun, y de paso os presento, pues este mi compadre es un autentico guatemalteco de pro, de aquellos que, si la suerte te acompagna, un dia podras conocer y querer como yo quiero.

Eso si, mi amigo, hablando del pelo que casi se te congela: Viste que las propiedades de las cabelleras funcionan para, cuanto menos, Bum-Bum con todo genero y especie de seres humanos. Si con esto no te convences, ya no se que prueba poder ofrecerte!

Gracias como siempre por tus comentarios, cuidate mucho, saludame a todo el mundo por alla y avisame para la boda!

PD: Su pregunta final, sr. Lopez, no puede ser respondida sin autorizacion expresa de la dama mencionada en ella smiley

6. septiembre 2005 @ 17:12
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Silvita

Mi querido y controversial Javi, gracias por compartirnos parte de tu libro "New York" como ves llevas las arcas llenas de todo lo vivido, y es muy rica la manera en que te expresas, uno casi hasta puede ver esa ciudad a traves de tus ojos. Me encanto lo de "Bum Bum" eso mon ami es por culpa del MALDITO PEGUE!!!. Te quiero un monton, espero que tu retorno a casa sea genial, picos y abrazos.

6. septiembre 2005 @ 17:51
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Javi

Mi querida y linda Silvita:

Gracias por tus palabras y carigno de siempre (y siempre mutuo)! La verdad, mi libro "Nueva York" no esta para tan nada repleto como mi enciclopedico "Guatemala", pero debo reconocer que aca he aprendido y vivido cosas muy interesantes, y que el lugar se presta para muchos halagos y aventuras.

Eso si, como esta eso de controversial? Por que lo dices, por darle un poco de cagna a "la city"? La verdad es que, cuando todo lo que lees, oyes y recibes son loas sobre el lugar en el que te encuentras, uno no puede mas que jugar con ello...

Ya sabes, siempre peleando a la contra, como el amigo Bukowski (pero mas sobrio) smiley

6. septiembre 2005 @ 17:59
Aqui me pongo a cantar al compas de la vigûela por Julio E. Quattropani

Aqui habla Quattropani, el citado como muy humano, en estas lineas a las que con la humildad de los grandes sumo mis comentarios.

Lastima que dejes la NY, estoy seguro de que debe tratarse de un sitio inagotable de explorar. Tambien lamento que hayas elegido la cosmopolita NY por sobre la mitica BBAA donde todo puede suceder, donde cada 30 minutos se baraja y se da de nuevo. Si uno quiere aventuras no hay nada como la gloriosa Argentina donde levantarse todos los dias y leer las noticias es un acto de valentia comparable con el arrojo del mismo San Jorge frente a los dragones.

Ahora bien, de tu visita a ese basurero multiracial hay cosas que debes aclararme:

1. Estan locos todos los gringos (Como pienso yo), Solo los blancos (Como dice Michel), Solo Bush (Como dicen los verdes)

2. Viste algun asalto callejero? Dicen que no se puede retirar uno de NY sin semejante espectaculo

3. Fuiste a tomar un cafe con los de Friends?

4. Cuantos putos taxis hay en la ciudad y cuanto cuesta en relación a otras ciudades?

5. Con tanta gastronomia etnica, cual seria la comida tipica del lugar?

6. La pregunta que mis hormonas a las que llega la primavera manda: Que tal las minas? aflojan o histeriquean? encaran rapido o hay que chamuyar?

7. Mi pregunta obligada (Para ver si me recuerdas) ¿Muchas chicas de grandes...?

En fin aprovechando te cuento que sigo con operativo Barcelona en marcha y la chica ya esta pronta a cumplir seis meses a mi lado en caracter de novia. Quien te diria que ibamos a llegar aca al final del dia.

Say no more

6. septiembre 2005 @ 21:21
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Javi

Ya se le echaba de menos por aquí, Maestro. No obstante, ando un poco apurado, con lo que contendré la alegría de su llegada y de las buenas noticias sobre el operativo Barcelona y pasaré con premura a responder sus interrogantes, en la medida de mis capacidades:

1)Desde nuestra perspectiva de normalidad y locura, me sumo a tu tesis. Aunque de igual modo pienso que todos los argentinos estaís locos. Por no hablar de los francesos, los checos, los ticos, los rusos, los nicaraguenses, los...

2)Según parece a partir del gobierno del amigable Giuliani este tipo de festividades y shows para turistas se han reducido muy notablemente. En mi experiencia (que como imaginas no siguió ninguno de los consejos clásicos de las Guías "no vaya por aquí" "tampoco por allá", etc.) tan sólo pude asistir a un amago de linchamiento por parte de dos pandillas de puertoriqueños.

3)No tuve la fortuna, pero hay varios locales MUY insipirados en los que aparecen en la serie. De hecho, hasta la gente que los frecuenta parece recortada de la publicidad de algun capítulo.

4)Las mismas Guías mencionadas reseñan, si no recuerdo mal, 12.000 de estos trastos amarillos. Quizás sí ande mal y sean 120.000 porque en las avenidas más anchas puedo asegurar que hay siempre más taxis que otros coches, viandantes o árboles. Coste: No son especialmente caros, en relación, claro, con el costo de la vida acá. Esto es, de los 6 dólares como mínimo no te salva ni la santísima trinidad(esto sin la igualmente bendita tip). En todo caso, yo nunca he sido ausidio de este tipo de transporte, con lo que mi experiencia es muy limitada.

5)Difícil decir, yo me inclinaría esencialmente por la comida italiana. Junto a ella, ensaladas de todo tipo, algo de comida del Japón y fast food. Esta sería la comida típica en esta ciudad, a mi entender. Si bien, varía según el momento del día: Desayuno a lo bestia, almuerzo en cinco minutos, cenas más prolongadas generalmente en sitios lindos con velitas y demás parafernalia. Salvando estas modulaciones, hay que recordar que una cosa u otra pero se pasan el día y la noche comiendo sin tregua.

6)Responderé a esta cuestión con una de las primeras apelaciones que aquí me realizaron. Cito: "Si tienes ganas, andate con las negras o las latinas, conseguirás su tesoro antes. Las gringas son muy complicadas y frías". Mi informante creo que puede ser considerado como de fiable, no por nada le bautizamos como el "Pirata Polla". No obstante, no pude corrobar sus apreciaciones con un verdadero estudio empírico de campo.

7)En dos ocasiones he tratado de deslizar este dato en alguna crónica, pero no conseguía hacerlo sin desviarme demasiado de la, digamos, trama. Sentenciaré: Déjate de las emociones de tu país, del gaucho, el asadito, y el Martin Fierro. Olvídate de San Martin y de Alma Fuerte y vente a vivir a esta ciudad, garantizo que serás PLENA Y ENORMEMENTE feliz.

Terminaré aprovechando para añadir otro dato sobre la "city": Resulta materialmente imposible no ver, en cualquier momento y lugar, a alguien ya hablando con su móvil, ya escuchando su mp3, ipop o disckman. He divisado hasta grupos de gente que, aparentemente, van juntos pero que sólo hablan, cada uno por su cuenta y durante minutos y minutos, por sus móviles.
Incluso, estoy seguro, son capaces de hablar con el móvil mientras escuchan música.


Cualquier ampliación que requiera o debate que levante, será atendido con gusto mañana.

Su amigo y servidor,

Javi

6. septiembre 2005 @ 22:30
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por miguelito

me alegro de leer tu última y refrescante crónica desde la capital del mundo y q los amercanitos no hayan podido acabar con el gran chavi espero q las aventuras esten traducidas prontamente en una gran remesa de fotos q espero q enseñes a tu regreso a esta tu casa y nada espero q bum bum no haya seguido a esas tus melenas hasta la capital de españa ja, ja
un abrazo y espero verte pronto para q cuentes lo innombrable.

7. septiembre 2005 @ 01:50
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Victor Rodriguez

Hola Javier

Desde Costa Rica, te confieso que nunca antes había leído tus crónicas de viaje. Y no era por dudar de tu pluma, sino por dudar de lo que mi hermano me ha obligado a leer en sus disque "crónicas de un mochilero", sí un libro que publicó con fondos propios sobre sus viajes. Y es que de un tiraje de mil libros ha vendido 6; todos a la familia y con revólver en mano. Pero eso no es lo peor, sino que nos ha obligado a leerlo.

Con esos antecedentes -recientes por cierto- entenderás mi reticencia a leer casi cualquier cosa, incluyendo el períodico.

Pero caí en tu trampa y empecé a leer con muchísima aprehensión tus crónicas. Y me volvió la confianza para volver a leer. Están buenísimas. Incluso publicables (puedes hablar con mi hermano).

Las disfruté montones.

Estoy en desacuerdo con la recomendación de Carlitos para que vaciaras la vejiga en el viaje de Limón a San José (*). Qué poco mundo el de Carlos. Yo te hubiera recomendado lo que vi en un bus, digo avión, que iba de El Salvador a Washington D.C (segunda ciudad salvadoreña más importante -qué distrito para cabildear ni nada-): una madre puso a su niño a orinar en los vasos de plástico del avión, con moderado cálculo y corte entre un vaso y otro. Mejor todavía, hubieras usado bolsas plásticas, igual como sirven las gaseosas en costa rica para no pagar envase (por cierto, escribí ante embase, siguiendo la regla "m" antes de "b" -estos españoles que complican todo).

Te comentó que al fin, la semana pasado, terminaron de construir la caseta de seguridad del IIDH. Ahora están discutiendo un reglamento para su uso.

En fin, quedamos a la espera de tus nuevas crónicas.

Un abrazo desde Costa Rica.

Victor Rodriguez

(*)Vease el relato "27) tico-Panamá, tico-Pa´Españá".



7. septiembre 2005 @ 12:32
La vuelta del muy humano por Julio E. Quattropani

Conclusión:

1- NY es una ciudad que se copia a si misma y donde sus habitantes imitan lo que dicen ser.

2- La mano dura funciona. Giulani a las NU y la doctrina de la paz selvática cuyo adagio rezaria asi: "Aqui el mas macho soy yo y al que se me corra de la linea le abro la cabeza a patadas, ok?". Usted sabe que yo soy un pragmático de la política y si la doctrina da resultados Giuliani Secretario General

3- En NY los que trotan por Central Park son bichos raros que por algun inexplicable trastorno cerebral prefieren cuidar sus cuerpos antes que atiborrarlos de comida.

4- No al racismo irracional: resulta que era cierto nomas, las negras y las latinas son mas rapidas. Y uno que se pone en políticamente correcto y acusa a estos pobres "stoopid white mens" de racismo. Moraleja: Si queres verle la cara a dios no vayas a los EE.UU. quedate en latam.

5- Agradezco tu consejo de vivir en NY pero se me plantean muchos problemas existenciales: ¿Y si trabajo con muchas ganas y como si de ello dependiera mi pan (O sea como aca) y me va bien y termino siendo un CEO? ¿A quien culpo? ¿Y si algo sale mal y no puedo decir que fueron los radicales? ¿Y si todos a mi lado comen todos los dias dos veces que hago para mostrar que yo soy humano y solidario? ¿Como volver a casa luego de saber que mi pan es el producto de lo que el sistema que soporto robo de la mesa de otro? Joder, es que tienen razon, los tipos como yo somos pobres y subdesarrollados porque nos gusta. Eso y lo de que no deseamos pagar nuestra vida con la vida de otros.

Me quedo con la puerta de Alcalá, los siete pecados capitales en las baleares y las promesas de una vida feliz en Barca junto a Operación Barcelona

Rendido a sus pies. Su servidor.

11. septiembre 2005 @ 09:58
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por Javi

Amén.

4. agosto 2006 @ 21:38
Re: 30) Lo que siempre quiso saber sobre Nueva York pero nunca se atrevió a preguntar. por calldress

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7. noviembre 2011 @ 19:49
Davidson por Fredrick

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7. noviembre 2011 @ 19:54
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