Pagar con una tarjeta de crédito un par de guineitos (extraña pareja de baile) se convierte en Guatemala en un laberinto de educadísimas, eso sí, preguntas, requerimientos, indagaciones, investigaciones, cuestiones: teléfono, clave, número de tarjeta, contraseña, comprobaciones, más comprobaciones-un momento, por favor-, tarjeta de cliente, llevar el tíquet y la tarjeta a otra ventanilla, comprobaciones, vuelta a la caja-espere un segundo, por favor-, más comprobaciones (todo bajo la atenta mirada de un guardia de seguridad que sostiene, imponente (e impotente), una escopeta de las que gastaba Houston en el África profunda), una última comprobación, chequeo, y gracías-pase-buena-tarde-gracias-por-comprar-en-Pais-que-le-aproveche-a-sus-ordenes-tenga-un-buen-día-póngame-a-los-pies-de-su-señora y mil y una formalidades más que aquí crecen con la misma exuberancia que el eucalipto en la montañas de la Antigua Guatemala, que fue devastada, quizás, por un terremoto de comprobaciones que el Dios cristiano realizó con su pequeño mundito de juguete.
1. agosto 2001 @ 00:00 ·
Comentarios (5) · Miscelánea guatemalteca