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» Javier Chinchón


VI) LOS REINOS OLVIDADOS (I): Guatemala.

Empiezo con este artículo una nueva sección en esta (vuestra) Comunidad. En “Los Reinos Olvidados” vamos a ir tratando de explicar la situación e historia de los Derechos Humanos en distintos países y territorios. Situaciones terribles que en muchos casos son totalmente desconocidas.

Este primer texto recoge el testimonio (un caso de tantos) de una víctima de violaciones de los Derechos Humanos en Guatemala. En posteriores artículos trataremos en profundidad la situación actual y el pasado conflicto interno en este “bello país”. Ahora quedemos con este ejemplo de horror y barbarie humana; la experiencia de Yolanda espero sirva para comenzar a ir formando una conciencia mayor sobre los Derechos Humanos en nuestro mundo.

Yolanda Aguilar Urízar fue secuestrada y torturada en octubre de 1979. Su padre, dirigente de la Democracia Cristiana, y su hermano murieron en un accidente automovilístico provocado, el 3 de agosto de 1975. En realidad ese atentado iba dirigido contra su madre América Yólanda Urízar, quien entonces participaba en la asesoría Jurídica de la Central Nacional de Trabajadores (CNT) y que, años después, fue detenida-desaparecida. Esta es su historia:

Capturada por pegar pasquines.

Yo tenía en aquel momento 15 años. Era en 1979, cuando se daban luchas sumamente intensas, y quienes participábamos en el movimiento popular va no podíamos tener una vida normal. La violencia era sumamente fuerte y se esperaba que en cualquier momento se catearan las casas y se llevaran desaparecidas a las personas. Yo participo fundamentalmente con el movimiento estudiantil y después con el sindical.

Ese día fuimos a la Torre de Tribunales a repartir volantes. Bajando se nos presentan dos policías nacionales y nos dicen: ‘¿y ustedes que andan haciendo aquí?‘ Se comunicaron por radio y a partir de ese momento nos suben a un ‘pájaro azul‘, un bus que utilizaba la Policía Nacional en aquel tiempo. En ese momento nosotros no teníamos conciencia realmente de lo que estaba sucediendo, lo vivíamos más casi como una aventura, porque éramos muy jóvenes para poder entender lo que estaba sucediendo.

Había un carro de judiciales. Recuerdo que cuando vi ese carro, en ese momento sí me empezó a dar miedo. Entonces nos amarran las manos y los pies; allí todavía estábamos juntos con Fredy. Y a mí me empiezan a desnudar y a golpear dentro del vehículo. Entonces ahí yo dije: de plano algo nos va a pasar. Y empezó como un despertar de conciencia de la realidad, todo pasa en segundos pero de repente te podés dar cuenta de que estás en peligro y no puedes hacer absolutamente nada. Es un sentimiento de impotencia terrible. Luego entramos a la Judicial, a mí me queda muy claro que las puertas ya estaban abiertas, como que les hubieran avisado.

El escenario preparado de la tortura.

En el primer cuarto donde estuve había una silla donde por primera vez supe que me iban a torturar y llegó aquí y por supuesto me desnudan. Lo primero que pasó es que aquí había un radio. Y entonces yo estaba sentada en la silla y había un radio y me recuerdo muy bien porque estaba la radio Mundial cantando canciones rancheras, pero a todo volumen. Entonces llegaba uno e inmediatamente ponían el radio, porque era lógico para que no se oyeran los gritos. Una vez desnuda ponen el radio y llega un muchacho de unos 19 ó 20 años, de ojos claros, canche, que podría haber sido de cualquier colegio de niños bien, y me dice: ‘mire, nosotros no queremos hacerle daño y yo quiero que hablemos y quiero que me cuente todo lo que usted sabe, porque fíjese que hay unos compañeros que realmente son malos y si usted no me cuenta él va a tener que ser malo con usted, entonces yo quiero que seamos amigos, yo quiero que usted me diga todo lo que sabe‘. Entonces me empieza a dar nombres: ‘quiero que me diga si usted conoce a Yolanda de Aguilar‘, era mi mamá, como que no supieran, ‘si conoce a Danilo Rodríguez, a Frank Larue‘. Y me empezó a decir todos los nombres de toda la gente de la CNT Yo decía ‘no, no conozco a nadie no conozco nadie‘, porque que otra le queda una allí, decir la verdad es como preguntar algo que ellos ya saben, y me tiraron al suelo. Tengo la impresión de que todos esos que estaban ahí se levantaron, más los interrogadores, y más a saber quién, verdad, y me empezaron a patear Entonces yo amarrada, desnuda y me empiezan a patear, esa es la primera sensación que yo tengo.

Y ellos mucha risa y mucha música, verdad, o sea siempre estuvieron acompañados de música. Yo no sabía como reaccionar; no sé cómo pasa en otros casos, pero yo la verdad es que no sabía, perdía la noción de la realidad, consciente porque no me desmayaba hasta ese momento y estuve mucho tiempo allí. Creo que estuve 15 días en la Judicial y estuve 15 días desaparecida entonces, pasé por lo menos un día aquí, digamos siempre con el juego del bueno y el malo.

Después me tiraron y estuve mucho tiempo desnuda, amarrada y empecé a tener mucho frío, empecé a tener hambre, pienso que de las patadas algo me habían roto, y tenía una gran necesidad de ir al baño, de orinar por ejemplo, y no podía decirle a nadie, ni podía comunicarme con nadie.

Intentando destruir la dignidad.

Ese es el momento de la violación y yo estoy muy clara de que a mí me violaron unos veinte hombres, porque hay una parte del recuerdo, digamos, donde estaba Valiente Téllez, estaba este señor Arredondo y lo único que recuerdo es que mientras uno tenía relaciones conmigo, algunos otros se masturbaban, otros me sobaban, verdad, ponían las manos en los pechos y yo perdí varias veces el conocimiento, allí me golpeaban, me daban golpes en la cara y otros me ponían cigarros en el pecho y cada vez que yo lograba tener algún sentido, yo veía a otro hombre encima mío, pues recuerdo que cuando ya no tuve esa sensación de que estaba alguien conmigo, estaba en un charco de orines, de semen, pienso que tal vez de sangre también, verdad, fue realmente una cosa muy humillante, sumamente humillante, fue una mezcla de odio, una mezcla de frustración, una mezcla de impotencia absoluta, pasé mucho tiempo aquí con mucho dolor en mi vagina, con mucho dolor en mis partes y en el estómago, porque cada vez que un hombre tenía relaciones conmigo, era como bajarme más, más y más y el deseo de seguir viviendo y por supuesto cada quién que se daba placer, me golpeaba después, porque era como decir ya te usé y además utilizando palabras como puta y ‘cerota ya te cogimos‘.

La resistencia de la vida.

Me llevaron a una pila llena de porquería, allí se veía moho blanco, además había un olor horrible y recuerdo que me metieron una 0 dos veces allí, la sensación de asfixia es una de las cosas más terrible, usted cada vez que quiere respirar se llena de mierda, pues entonces hacer lo posible por no respirar, pero no puedes.

Pensé en mi mamá. Yo sabía que lo que yo había hecho lo hacía porque creía en eso, pero para mí el modelo ideal de ser humano era mi madre, era la mujer que me había enseñado porqué hacíamos todo eso, que me había enseñado a luchar por la vida y que me había enseñado que si uno se metía a estas cosas uno tenía que ser valiente, pero valiente no en término de que yo soy la heroin, sino en términos de que la vida valía la pena vivirla. Yo decía, digamos, que uno tiene que poner el cerebro fijo en algo porque si no se muere, y entonces yo pensaba: si yo pudiera ver por última vez a mi mamá, yo sería feliz. Esa era la idea fija: yo decía: no me quiero morir, no voy a ver a mi mamá, quiero ver a mi mamá, eso fue lo que me sostuvo, me sostuvo una meta, algo porqué vivir, que además representaba que había algo afuera de lo que yo estaba viviendo. Yo pensé que había pasado hasta allí lo más horrible y no, constantemente me quemaban con cigarro, yo tengo por aquí todavía unas señas dos cosas más horribles vi después. La primera, en ese mismo cuarto, era que me pusieron lo que llamaban la capucha de gamezán, una bolsa plástica de esos plásticos gruesos, que en medio deja el gamezán. Recuerdo que me amarraron eso, me daban golpes, realmente es una sensación terrible porque después de haber ya sentido la asfixia en una pila, era la asfixia de quererse quitar eso y en la medida que uno hace más esfuerzo, más absorbe el gamezán y me daban golpes y golpes en los ojos y me apretaban más y más.

Un grito para atar el silencio.

Ya estaban sucediendo cosas afuera de la Judicial, cosas muy importantes como por ejemplo ya se había movilizado toda la CNT, la gente del movimiento estudiantil. Hace poco me enteré que habían puesto como 42 recursos de exhibición personal
(habeas corpus) para que yo apareciera, mi madre se movilizó, hizo todo lo posible en distinta forma, internacional, o sea había un gran movimiento y había pasado más o menos una semana y media o una semana, no sé, y entonces me imagino, además, que mi abuelo, que era coronel, fue a hablar con Donaldo, fue a hablar con Chupina, con todo el mundo. Creo que había mucho movimiento. Yo dije:‘ me van a matar, después de lo que me hicieron lo único que puede pasar es que me maten‘. Pero no fue así. Entonces me llevaron a otra puerta y en esta puerta había una tablas en el techo.

¿Usted ha visto la crucificación? Pues aquí casi que un Jesucristo, había un hombre, era un medio hombre -la cosa más horrible que yo he visto en mi vida-, un hombre desfigurado totalmente, un hombre que ya tenía gusanos, no tenía dientes, no tenía pelo, con cara desfigurada, colgando, es decir, de los brazos.

Unos días antes habla sido muy sonada una noticia sobre la captura de un cargamento de armas salvadoreño y parece ser que era uno de ellos, porque yo entré en ese cuarto y me llevaron para ver, para que me diera terror y me dio terror Me dije: ‘esto me van hacer‘. Lo que él trató de decirme es ‘si sale trate de decir que yo estoy aquí, y por el acento yo no sabía quien era, pues. En eso llegó uno de la Judicial, llevaba una hoz pequeñita, chiquita como para cortar café, roja hirviendo y agarró el pene y se lo cortó y el tipo dio un grito que nunca se me ha olvidado, dio un grito terrible, tan espantoso que durante muchos años recordé ese grito. Él murió. Después había un cassette de música española que daba un grito casi igual a eso y me imagino que me desmayé.

Queriendo borrar las huellas.

Y por aquí recuerdo que entré, me quedé atrás de las cortinas y Valiente Téllez estaba hablando con mi abuelo y decía: ‘no tengás pena, vamos, cuando nosotros sepamos de ellos te vamos avisar‘. Ya no podían hacer nada y uno no podía decir nada: sólo oí toda la conversación cuando mi abuelo decía que por favor, que mí mamá estaba desesperada y me llevaron intencionalmente, para que yo oyera eso. Yo hablé con Valiente Téllez y supe que él me había violado, que él había dado todas las órdenes, realmente ya no recuerdo mucho lo que hablamos con él, pero me dijo que había tantas presiones internacionales que me iban a dejar libre y que iba a salir, pero que no fuera a decir a nadie o que había visto y lo que había pasado, porque ellos me podían matar en cualquier minuto, así que no fuera decir nada. Salí por donde entré y me acompañó el muchacho, ‘el bueno‘, de traje y corbata, que hasta chulo era el condenado y me dio la mano, ‘que te vaya bien, gusto de conocerte ‘y me dejó en un centro de menores.

La directora del Centro de Menores era la señora Porta España. Me llevaba muy mal con ella, porque yo no había sido ‘utilizada‘ por ella. Me sacaba a las tres o cuatro de la mañana a hacer sentadillas. Imagínense, me sacaba hacer sentadillas, ejercicios, tenía un látigo y la golpeaba a una con el látigo. Yo no entendía cómo en el mundo podía haber tanta crueldad: bañarnos a las tres de la mañana. Como a los 15 días pude salir del Centro de Menores. Mi mamá llegó. Fue todo un operativo para que yo saliera. Estamos hablando de finales del año 79; perdí la dimensión del tiempo, en esa circunstancias se pierde totalmente.

La recuperación.

Estuve como dos meses aquí en Guatemala tratando de sobrevivir, mientras se lograba que yo pudiera salir del país. Y en ese período, es la otra parte, que viene, la otra parte después de las torturas: revivir permanentemente lo que pasó, cómo vas a hacer para seguir viviendo con eso. Y lo que me sucedió es que todo el mundo se preocupó de atenderme, estuve unos días en el Hospital, estaba tan mal que me pusieron como diez litros de suero y me estuvieron viendo los ojos y como había quedado y todo y nadie se percató que había quedado embarazada. Entonces quedé embarazada, verdad, pero eso no lo supe yo hasta mucho tiempo después, porque como sangraba permanentemente, pero a más mi reacción inmediata fue empezar a perder la vista. Entonces cada vez que me acostaba soñaba con todo lo que me había pasado y al día siguiente amanecía sin poder ver y así todos los días aumentaba un poco más, hasta el día en que quedé totalmente ciega. Fueron tres meses donde fui perdiendo la vista, poco a poco, pegaba gritos en las noches y rememoraba lo que había sucedido y entonces amanecía sin vista. Al principio eran una o dos horas, al día siguiente era una mañana, después era una tarde hasta la primera vez que llegó un amigo de mi mamá con su hijo y yo le conté. Yo hablé por primera vez de lo que me había pasado, después me quedé sin poder hablar, o sea que no pude hablar y sin poder reconocer a nadie; mi cerebro necesitaba recuperarse, necesitaba tomar distancia y claro lo que me había pasado en los ojos era que por un lado los golpes y el gamezán había inflamado mis pupilas, se había perdido una parte realmente física, pero la otra parte era mental, psicológica y entonces al no ver yo no recordaba, trataba pero no era real, porque de todas maneras en las noches...

La salida del país

Para finalizar este capítulo digamos que se preparan todos mis papeles, verdad, para salir y yo salgo el 31 de enero de 1980, el día de la quema de la Embajada de España, me voy a enterar allá de lo que sucedió en la Embajada de España y a partir de entonces estuve en México, en Cuba, en Nicaragua. En Cuba me terminé de recuperar, porque la medicina allá es fabulosa, el ambiente de paz, de seguridad, contribuía mucho. Regresé a Nicaragua. Mi mamá salió en el 82 de Guatemala, era de las personas que no quería salir

A mí mamá la capturó el Ejército y mi mamá sigue desaparecida, eso es del tiempo de Ríos Montt
(actual presidente del Congreso de Guatemala), supimos que estuvo un tiempo en Santa Ana Berlín, por Mazatenango, que allí la tuvieron. Perdimos toda la información y hasta la fecha todavía no se sabe de ella, o sea pues que todo mi núcleo familiar desapareció. Yo estuve en México doce años hasta en el año 92; hace cuatro años y medio que regresé.


Caso 5447, Guatemala, 1979.


(Este texto proviene del “Informe Proyecto Interdiocesano de Recuperación de la Memoria Histórica (REMHI) de la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala. Dos días después de su presentación, Monseñor Gerardi, que presidió el acto público, fue asesinado).

6. agosto 2001 @ 00:00 · Comentarios (3) · Humanos y derechos humanos
Comentarios
por el internauta aficionado

Aun no lo he digerido totalmente.
Te felicito por tu capacidad de trabajo.
Un beso.

6. agosto 2001 @ 22:27
por Los Paquillas

Leido tu articulo nos ha gustado mucho.
Sigue por ese camino de defensa de los Derechos Humanos.

7. agosto 2001 @ 22:25
por Fernando Calvo Martín

Hola soy de la comunidad "La radio de cerca" y viendo tus artículos la verdad es que los míos se quedan pequeños y más con el monton de críticas negativas que he recibido. Bueno espero que sigas pro ese camino porque tendrás muchos seguidores entre los que me encuentro yo ya.
Un saludo.

4. octubre 2001 @ 14:15
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