Tres son los modelos de urbanismo que he tenido la suerte de conocer (aunque cuando andaba perdido entre sus planos me acordaba de todo y de todos menos de mi fortuna) hasta el día de hoy, 24 de octubre del año de nuestro Señor (o del de algunos/as...).
El primero de los tres, modelo Guatemala, es el más racional de todos: Agarramos (que no “cogemos”) una ciudad, con sus casitas, arbolitos y caquitas de perro, y empezamos a trazar paralelas y perpendiculares, perpendiculares y paralelas. Después las llamamos calles y avenidas, y una vez concluida la cuadriculalización y el bautizo, dividimos el conjunto en zonas, y numeramos las líneas resultantes de zona en zona y de izquierda a derecha desde el 0 hasta el infinito (y más allá). Así conseguiremos que si estoy en la 3º Avda y 6ª calle y quiero ir a la 4º con la 2ª: con bajar una avenida y andar cuatro calles a la derecha llegue a mi destino. Sencillo, ¿no?
El segundo modelo, el español, es más complejo pero mucho más educativo y con ese regusto de las viejas cosas, los viejos nombres, y la vieja Europa... Consiste en, de una manera más o menos arbitraria, trazar las calles que sean pertinentes y luego colocarles una plaquita (aunque esto puede ser accesorio) con el nombre que al Consejo Municipal de turno le parezca más oportuno.
La clave del éxito de este sistema es que entre los distintos nombres no exista ni la más mínima relación; de esta manera conseguiremos que la “Avenida del Generalisimo” (Franco) sea vecina de la calle de “ACDC” o que con un paso retrocedamos cuatro siglos de la “Plaza de la Constitución” a la calle “Cervantes”. Lograremos también, que alguien que nos pregunte a la salida de nuestro piso por la calle “Josep Pla” obtenga como respuesta un movimiento-ni-idea de nuestras cejas, mientras el gran Josep nos observa desde su calle, aguantando la risa, a 10 metros de nuestra casa.
Este segundo sistema es el más recomendables para los/las niños/as como completo de la escuela para obtener un óptimo desarrollo de su memoria, y el más beneficioso para editores y comerciantes de planos y callejeros.
El tercero, modelo Nicaragua, es el más divertido y alegre de todos, y, en cierta medida, una mezcla de los anteriores. Primero: Trácense avenidas y calles más o menos paralelas. Dos: No se los ponga ningún nombre o número. Tres: Úsese como referencia para encontrar su casa un semáforo, antiguos cines (que ya no existen), rotondas, farmacias, estatuas, mercados o plazas, y desde allí la brújula.
Así, súbase a un taxi y no le tomarán por loco (o gracioso) si dice: “Por favor a mi oficina: desde los antiguos cines ideal tres cuadras al sur y seis al este.” Y al trabajo llegas...
Con el primer sistema, el tiempo estimado para que yo encuentre alguna dirección es como mínimo 15 minutos.
Con el segundo, si quiero llegar a una determinada calle calculo 15 minutos como mínimo para hallarla.
Con el tercero, salgo de mi casa (o de la de Moncho, mejor dicho) como mínimo 15 minutos antes si quiero llegar a una cita a tiempo.
No establezco los máximos porque más que una ayuda para explicar estos tres modelos, sólo explicitarían la torpeza innata del que escribe para orientarse, o su facilidad para perderse, como ustedes prefieran.
24. octubre 2001 @ 00:00 ·
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