A un día de dejar Guatemala a mis espaldas (justo detrás de mi corazón), hecho huevo (entiéndase mierda para los castellanoparlantes) fruto de estos días de despedidas, tequilas y besos..., o quizás víctima de la siempre amenazante pandemia materializada en forma de amebas guatemaltecas, o simplemente último grito de rebeldía de mi organismo ante la inminente partida (¿algún médico en la sala que resuelva la cuestión?), me viene a la cabeza una frase –de esas que debería haber escrito yo- del precoz Fernando J. López que decía algo así: “lo malo de las despedidas es que invitan a hacer balance.”
Bien (o mal), como era inevitable (¿a quién diablos se le ocurrió eso del tiempo?... Al que sea, ¡qué lo cuelguen!) llega el momento de la despedida y del “balance”, sólo que en este caso “lo malo de la despedida” no es hacer balance, sino la despedida en sí... Fuerzo el sentido de las palabras de Fernando en un intento (estúpido) de dejar claro que este viaje ha supuesto para mi vida una de esas líneas invisibles (e imborrables) que la reinventan y le abren nuevos (y multicolores) horizontes... Sería imposible (dejemos el beneficio de la duda a Joyce) explicar por qué...
En fin (porque es el fin), nunca podré olvidar estos meses. Nunca podré olvidar este país. Nunca, nunca, podré olvidar:
A Liss, por todo.
A Lic Lisandro, inteligencia militar, porque sin su ayuda en todo y para todo este viaje no hubiese sido ni la mitad de maravilloso.
A la LICENCIADA Dunia Ramírez (culita mía), sus ”Javierrr Chinchón”, su (cuasieterna) tesis, y sus (cercanos) sueños españoles.
A Marlene, y su (imposible) movimiento de cintura.
A Rita, y su alocado correr facultad arriba-facultad abajo siempre dispuesto a mi socorro.
A Werner, su atún y su Barcelona.
A Yadira, y su alegre velocidad laboral/verbal.
A Ramón, y su amor, dedicación y pasión por su trabajo (de lucha en lucha hasta la victoria siempre, amigo).
A Mónica, y su amanecer perpetuo de alegre sonrisa.
A Pao, y sus emporios empresariales.
A Luisita, y sus manguitos.
A Déborah, y “Los vicios de la voluntad contractual”.
A Juan Pablo, y su camaradería "española".
A Gustavo, y su paciente deambular de sabio.
A Mari, sus tortillas, sus canticos, su "buenooooo, que te vaya bien Javier", y su espiritú inabarcable.
A Sarita, su generosa hospitalidad, sus telenovelas y sus regañinas matutinas.
A Olgita, y su tranquilidad inalterable.
A Javier, su valentía y mis esperanzas minuguenses.
A Vanesa, y su voz.
A Brenda, y sus ”no te vayasss Javi”.
A Silvita, y sus “pinkis”.
A Sara, y su feliz expresión.
A Tony, y su auxilio con mi primer sueldo-cheque.
Y a aquella lejana Brenda (prófuga de la ley), y su primera lección de amor guatemalteco.
A todos/as los/las jóvenes cooperantes, y su grito de “Catedrático”:
A Vega (híbrido de cooperante y embajador de buena voluntad), por su primera mano, su continua amistad y su confianza.
A Mario, y esa forma de pronunciar a lo Claudia.
A Goyo, y sus ganas de vivir y de ”Chuparrrrrrrr”.
A Yago, y ese corazón que no le cabe ni el pecho.
A Claudia, y su alegría cotidiana e imborrable (se ahogase o no).
A Julia, y su cariñosa forma de ser y vivir.
A Adolfo, rey indiscutible de la parranda 2001, y aquella canción de Manu Chao que ya es suya para siempre.
A Virginia, y el primer adiós.
A Gemma, su risa y pasión por los antiguos (no malinterpretar).
A Laya y Tolin, indisociables e indispensables.
A Agustín, y su inmenso sentido del humor.
A Charlie, y su instinto vallekano.
A Carmen, y su andalucía trenzada.
A Ana, su ángel oscuro y su pierna quebrada.
(Y a Miguel Ángel Asturias..., ¡cómo escribe el muy cabrón!).
Me repito, lo sé, pero de verdad que nunca os podré olvidar. Me habéis dado demasiado.
Gracias de corazón; confío, espero, y deseo veros muy pronto.
En Madrid (o donde la vida –o las becas- me quiera(n) conducir) siempre tendréis un amigo.
Os quiero a todos/as.
Javi (catedrático en funciones).
PD: A Irene ni me planteo olvidarla, pronto te veré... A Fon, mejor olvidarlo para reenderezar mi vida...
29. octubre 2001 @ 00:00 ·
Comentarios (22) · Miscelánea guatemalteca