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» Javier Chinchón


13) "Tres Pounds".

Dieron mis huesos en este puente constitucional con Londres, fascinante ciudad, y mis pupilas (no dilatadas, esos días) con una vieja amiga (a la altura de la city, quede dicho) que con armónica voz de violín profirió, la noche de autos, una frase, repleta de contrastes, que excitó mi vagorosa imaginación:

- ...y me costó “tres pounds”.

La curiosa mezcla de alquimia lingüística filtrada por mis oídos, decapitó, sin apelación posible, la cabeza del Imperio británico (y a mí con ella) y la depositó en la cesta de mimbre de la capital de otro Imperio, el maya, del que, observé, quedaba aproximadamente lo mismo que del de la Reina Madre.

Lo cierto es que algo debió salir mal en este tránsito espacial, alguno de los pequeños técnicos de mi mente debieron apretar algún botón equivocado, o bajar más de lo debido la palanca de las coordenadas, porque en vez de acabar en Copán, Quirigua, Tulum, Tikal o Palenque mis neuronas, corriendo entre juegos, alegrías, bromas y recuerdos dieron a parar a la dispar Guatemala..., que no es capital de ningún Imperio maya, a no ser que la Primavera se consideré como tal cosa.

Consciente soy, querido lector, de la, quizás, poca lógica relacional entre Londres y Guatemala, frases al margén; mas cómo esperar algo de lógica en un mundo en que las bombas se llaman ”margaritas”, en el que uno más uno no siempre suman dos, en el que la O.N.U. recibe un Nobel de la paz, y en el que yo mismo tengo un carnet de “Catedrático”... Viajé hasta allí y así te lo cuento.

El caso es que en cuestión de segundos hallábame yo en tierra amiga, donde los astros habían realizado un trueque del gris perlado londinense por el resplandeciente azul algodonoso guatemalteco; y ya corriendo estaba hacia la Universidad, las lágrimas agolpándose en mis ojos en fraticida pugna por ser las primeras en bañarse en el maravilloso sol, cuando recordé a la bella dama ,de Virgilio funciones ejerciendo, que había dejado en medio del barrio chino de un cada vez más lejano Londres.

Consideré, en este punto, que debía regresar con ella, y así lo hice, si bien decidido a retomar mi viaje astral más tarde entre las sabanas de mi lecho del Millennium hotel.

Paseamos (mi comezón por retomar mi viaje y yo) junto con mi amiga por el escenario y patria de H. G. Wells, y tras alguna pinta (ninguna Niña ni tampoco Santa María, que nos llamó al celular para excusarse), un viaje en el metro atestado de anglosajones, algún indú, seis africanos, cuatro chinos, dos españoles, una monja y un perro con tres cabezas, dos besos-hasta pronto-transbordo-nuevo viaje en gusano por los interiores de Dune-escaleras-un (afortunado) borracho-gélida caminata hasta el hotel-otro borracho-entrada-hall-ascensor-piso 3- room 360-tarjeta de plástico-click-luz verde- puerta abierta-puerta cerrada-desnudo-y pijama, llegué a mi cama.

Acostado repetí la formula:

- ...y me costó “tres pounds”... y me costó “tres pounds”... y me costó “tres pounds”... y me costó “tres pounds”... y me costó “tres pounds”... y me costó “tres pounds”...y me costo tre


Y me costó, cierto (no sé si “tres pounds”, tres libras, seis quetzales o cuarto y mitad), pero, block en mano, estaba ya en medio de la calle, dividida por un jardín arbolado, que de mi casa llegaba a la Universidad; y si no es porque era un ser incorporeo una camioneta roja me habría convertido, en aquel instante cósmico, en atol de elote.

Recuperada la corporeidad, me dispuse a cerciorarme de encontrarme donde debía encontrarme. Girando sobre mis talones, expuse a un hombrecillo que por allí transitaba lo siguiente:

- Disculpe, caballero, he cogido un resfriado y estoy buscando coger alguna camioneta, la cual una vez cogida, coja y me deje en médico que pueda, con algún medicamento, coger mi catarro y tratarlo cogiendo a los virus y acabando con ellos.

Posiblemente, el caballero, a juzgar por su expresión, tomome por loco, mas comprobé, para mi satisfacción, que en Guatemala encontrábame con cada respingo que dio el buen hombre a cada forma verbal de “coger” que pronunciaron mis labios.

Con la palabra en la boca abandoné a mi cobaya humana y caminando avenida arriba bajé ojos y atención hacia al block que de mis manos presa era:

“Londres-Guatemala”

Sólo estas dos palabras, de conocida grafía, plasmadas estaban en la cuadriculada hoja. ¿Debía comparar ambas ciudades? Supuse que sí, y aún asumiendo que empresa de igual dificultad era que desentrañar a Diogenes también, a ello me puse.

Crucé las piernas, y sentado en medio de la calzada comencé a dibujar letras que se unían hasta formar palabras que danzando entrelazaron varios binomios:

Tráfico ordenado-Caos automovilístico.

Edificios que cosquillean al cielo-Casas que coquetean con el suelo.

Un Sir conduciendo un coche-Un atún manejando un carro.

Asfalto-Pista de mountain byke.

Autobuses de dos pisos-Camionetas de inestable piso.

Seis azules Volvos S40-Un Volvo S40 azul.

Un perro-Un perro.

Matroniles edificios solemnes-multicolores construcciones.

Un oscuro coche del MI6-Un pickup de la Inteligencia Militar de Guatemala.

Una insulsa y pálida inglesa moviendo la cintura al son de su walkman-Una cintura guatemalteca moviendo a una chica camino de la Universidad.

Nelson-Un ciervo broncineo.

El consejero de finanzas en el Daily Mirror del kiosco -La asesora del viceministro del mismo ramo fotografiada con española peineta.

Una hilera de sobrios protestantes-Una procesión de la celebración del octubre de la Virgen.

Un inglés-Un chapín.

Terriblemente aburrido por este absurdo ejercicio, boté el bolck (que robotó en la cabeza de una maya que vendía bolsitas de agua pura, voló de su testa a la cesta de una niña que pregonaba guinetios-de-a-quetzal, y de allí, como ave fénix, dio a parar con el aliento de dragón de un patojo escupe-fuego parado frente a un semáforo que lo tornó en bella mariposa de fulgurantes alas) y comencé el ascenso, con deriva hacia la izquierda, dirección al tercer círculo de Dante, donde esperaba encontrar a mi Beatriche entre estantes y libros de Universitas.

Trepando por los intestinos de la ciudad descubrí que yo, como el sabio, no cambio París por mi aldea, y paladeando el recuperado amor por la cuidad saludé a un policía nacional civil y mestizo que, uzi en el regazo, caminaba dios sabe a dónde y dios sabe para qué.

-Buenas noches.

-Buenas tardes.

Quizás impelidas por este temporal contraste, las animas me indicaron (con la fiabilidad que acostumbran) que Oxford Street empezaba ya a teñirse de naranja dando fin a la noche y saludando al nueva día.

Era el momento de decidir si volver a Londres o permanecer en Guatemala...

Pensé un instante...

....

....

....

Decidí quedarme...

Desde entonces mi cuerpo paseó por Londres, voló hasta Madrid y quizás pronto visite Alicante o Asturias... Mi espiritu quedose dichoso vagando por Guatemala.

Y es que allí, en esa pequeña ciudad del mundo, aún quedan tortugas...

12. diciembre 2001 @ 00:00 · Comentarios (5) · Miscelánea guatemalteca
Comentarios
por Cristina

Me gusto tu texto ultimo aunque me
resulto
un poco oscuro. Me gustan tus salidas de tono,
las
imagenes que creas y lo del tiempo en que las
bombas
se llaman margaritas.... Y ayer me enteré que
Kissinger recibió el Nobeel de la Paz. Vivimos en
un
mundo loco.


13. diciembre 2001 @ 16:17
por Javi

Gracias, Cris, me alegro de que te haya gustado el textillo...

Y sí, el infame de Kissinger, recibió en Nobel de la paz, para mas inri, si no recuerdo mal, en el 73, el mismo año q consiguio mandar a Chile a una dictura asesina y genocido y a Allende a criar malvas.

13. diciembre 2001 @ 16:18
por Isabel.

Javier, me ha gustado mucho. Interesante comparacion. Senti que el encuentro fuese tan fugaz y que no pudiera ensenarte mas del real London. Supongo que te irias un poco decepcionado, mis disculpas.
Te deseo unas hogarenas y felices Navidades con los tuyos, y que el ano que empieza te traiga por lo menos tantas nuevas experiencias como el que se acaba.
FELIZ NAVIDAD!
Isabel.

14. diciembre 2001 @ 20:44
por Lissette

Si que hay tortugas.....


19. diciembre 2001 @ 05:18
por Dunia

Lei tu articulo,y lo disfrute muchisimo, la
verdad es que fue todo un honor ese titulo de asesora, asi que
se te agradece.


20. diciembre 2001 @ 15:08
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